Y ASÍ EMPEZÓ TODO

Por sorprendente que pueda parecer, durante muchísimos años no he querido tener hijos. Cuando alguien me decía que cuando los tendría, miraba con cara de asco como si me dijeran de comer cucarachas.

Sinceramente, no recuerdo el momento en el que comencé a sentir tanta animadversión por los bebes, porque cuando era niña, recuerdo que tenía un Nenuco al que llamaba María.

También decía que no quería una niña bajo ningún concepto, que mejor niño, y a día de hoy me haría mucha ilusión que fuera una nena… aunque soy consciente de que es mucho menos problemático tener un varón y por ello estaría igualmente encantada.

Si tuviera que decir en qué momento concretamente se me despertó ese “algo” por dentro, no sabría identificarlo. Fue poco a poco, progresivo. De repente la idea de crear una vida se me antojaba fascinante, el poder educar y hacer una buena persona de alguien salido de mi marido y de mi se me presentaba como toda una aventura, y el pensar en un ser abrazado a mi diciéndome mamá era idílico.

De todos modos, no fue todo tan mágico como puede sonar y en mi interior se desató una terrible lucha interna. De un lado la mujer con el reloj biológico desatado dando saltos reclamando a su bebé, del otro la mujer razonable y sensata presentando los motivos para no tenerlo… y es que, seamos sinceros, si piensas fríamente (basándose únicamente en argumentos de calidad de vida, economía y salud) tener un hijo es una pésima idea. Es perder horas de sueño y libertad, un desembolso económico inmenso durante muchos años,  con un embarazo más o menos sufrido…

Tengo la teoría, la cual más de uno se echara las manos a la cabeza al leerla, que el motivo por el que cada vez se tienen menos hijos es porque el ser humano cada vez es menos “animal” (el tener descendencia es el principio básico de cualquier especie animal o vegetal) y más “racional” (busca su propia satisfacción, libertad,…) Es por ello que se prefiere dedicar las noches a dormir del tirón, gastar el dinero en viajes y comida, vivir simplemente dando placer al cuerpo… que destinar todos esos recursos a cuidar de otro ser.

La idea comenzó a gestarse más o menos en 2015… sí, el reloj biológico ha tenido una ardua batalla durante años para lograr imponerse… Entre que me costaba entregarme a los deseos maternos, que a mi marido no le fascinaba la idea y  que por desgracia la salud no me acompañó  hasta Julio de 2017 (sin tener aún la salud al 100×100) no comenzamos la búsqueda.

Y así es como comienza este diario.

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